sábado, 9 de octubre de 2010
La mediocridad redunda en su propia ceguera.
Somos mediocres, cada uno habitamos uno en nuestro peldaño de esa escalera que nos lleva al éxito,que nos lleva a llenar nuestra vida con las cosas que ansía nuestra cabeza, pero hay una ceguera que no vemos, y valga la redundancia, es la ceguera producida por el brillo deslumbrante de nuestros propios logros. Claro que me gustaría no tener que ir a trabajar cada dia a las siete de la mañana, pero nunca me decido a cambiar de trabajo, o a intentar algo por ganarme la vida mas ociosamente, precisamente porque aplaco mi dolor del alma matutina con el discurso del salir a las tres y tener la tarde libre, o de los doce dias de fiesta al mes, echando una risita peyorativa por aquellos que echan la tarde sudando la camisa, o cuentan las horas de asueto por los escasos festivos del calendario.
Si hubiese un Oscar para los mediocres, posiblemente nuestra clase media se llevaría todas las estatuillas, y es que de los muchos desheredados y desechados de las seguridades del mundo, es de donde surgen las necesidades mas acuciantes, y de ellas el ímpetu del cambio. Los mas necesitados sueñan con una vida plena, pero además, sacrifican la nada que tienen con facilidad para comenzar nuevos caminos, cambian de trabajo fácilmente porque lo que tienen vale para ellos lo que un colín, y buscan nuevas relaciones, porque su "yola" o "Manoli", dista varios horizontes de esa princesa que habita en lo mas profundo de sus aspiraciones.
No es lo que nos han enseñado, lo se , pero cuanto mas valoras las cosas, mas mediocre te hacen, y bien hallado sea el punto de inflexión, donde esta frase funde hacia lo que en nuestra mente habita, esa afirmación de que valorar las cosas, nos mantiene fuera del autismo emocional !, y ahora me toca explicarme...
Yo valoro volar, y ello me mantiene con el ego, el alma y la tripa llena, pero asimismo, ese mismo bienestar socio-económico, me mantiene anestesiadas esas capacidades que posiblemente me evitarían arrastrarme a las cinco de la mañana, cogido por el cuello por la misma corbata de mi uniforme de trabajo, que elegantemente me ciega la realidad, pero que a la vez, a esas oscuras horas, atisbo a asemejar mas al collar de un cachorro perezoso. Posiblemente nunca llegue a valorar tan poco mi calidad de vida, para no poner potencia de despegue al sonar el despertador, pues seria menospreciar, pero posiblemente tampoco llegue nunca a sufrir lo suficiente esa esclavitud hipotecaria, para despertar mis dias libres a las cinco de la mañana, con cuatro horas de sueño, después de cinco "saltos" del dia anterior, dispuesto a cambiar mi realidad, a desarrollar esas aptitudes que podrían hacerme peinar canas con la luz del sol.
Ese es el punto de vida en el que vivimos, tan humano y satisfactorio, tan intermedio y mediocre, tan sedante, es un punto donde el péndulo de la energía vital parece reposar en el equilibrio, pero tan falto de avances, como subirse al barco vikingo de las ferias cuando esta parado.
Nos satisface nuestro coche, pero en nuestros sueños adolescentes paseábamos en ferraris, nuestra casa es cómoda, pero cuando cierro los ojos vivo en un bonito cubo acristalado, a por lo menos 10 km de mi beatlelmaniaco vecino, y también me satisface mi agenda social, pero la densidad de mi calendario laboral, me mantiene bien a dieta de esos festines de perdices y dias felices, estamos enamorados de nuestras parejas, pero para mi, Soledad, no es solamente un nombre de mujer, y hasta el ogro de srreck3 nos recuerda que la excelencia que soñamos encontrar tras la feminidad, solo habita en algún lugar entre mi madre, y la esperanza.
Muchos peros, para un individúo envidiado por su entorno, y muy comunes, para una sociedad supuestamente tan avanzada. Tenemos ipads donde plasmar por escrito nuestros pensamientos de inmediato, pero nos falta la aplicación para salir de la mediocridad, apoltronarse en nuestra vida de cuatro estrellas, al calor de un edredón de plumas, nos hace dormitar los anhelos, y cada vez os es mas dificil ver entre tanta oscuridad, que tenemos capacidad, y posibilidad de esa quinta estrella, pero cuanto cuesta escribir la palabra "cambio".
A partir de hoy, voy a re-puntuar mi vida, a dar menos valor a ese dulce confort que me empalaga con su incierta seguridad, quizás conformandome menos, y autoconsolandome menos por comparaciones con los mediocres adyacentes. A ver si le doy una linterna a mi ego, para que siga buscando en el baúl de los sueños, en vez de hartarse a palmaditas en la espalda, y embriagarse al deslumbrante brillo de las medallas por las batallas ganadas.
Creo que soy, somos, y seremos mediocres de clase media, a menos que nos demos cuenta que a pesar de haber subido infinitos escalones, no debemos conformarnos con ver el mundo a vista de pájaro, desde lo alto de nuestra atalaya societaria, pues un dia soñamos con SER un pájaro, y si no volamos, es porque estamos gordos de ego, de engullir frases del tipo "pues para lo que hay por el mundo, no me va nada mal", gordos, por haber dejado de correr en busca de esa felicidad adolescente, gordos de bocadillos de Jamon de jork, cuando lo queríamos de guijuelo, y encima estamos alegres porque no sea mortadela. No volamos mas alto, porque vamos sobrecargados de responsabilidades, de hipotecas, de falsos paradigmas, de valoraciones infladas sobre lo conseguido, y sobre todo, porque llevando nuestro motor a media potencia, tememos que si le damos mas caña, para alcanzar mayor altitud reviente, nos estrellemos, y perdamos esa tan preciada carga que hemos ido acumulando, incluso a veces amontonando.
El símil, argumenta la gravedad en nuestro vuelo, perfectamente equilibrada a la sustentación de nuestra felicidad, o tiramos lastre,( bien intelectual, bien material, o bien emocional) , o inevitablemente necesitamos mas potencia para volar mas alto, y esa potencia ha de ser las ganas de soñar, de crear, de cambiar, de salir, de volver a enamorarse, de satisfacer la curiosidad, de seguir viajando a lo desconocido, de escribir ese libro olvidado en la pagina dos, de las ganas de comenzar con nuevos deportes,( aunque te de lumbago jugar a las canicas con los niños), de vencer esa falsa creencia de conocimiento universal que da la edad, de escuchar con desinhibicion la musica del ultimo Dj, de dejar de pensar que las redes sociales son para pescar, en definitiva, esa potenciacion que le da a la vida nuestra capacidad critica cuando se mira en el espejo de la mediocridad consentida, y valorada por encima de esos sueños a medio cumplir, que un dia se fueron aletargando, hipoxicos por al altura de nuestros logros.
La mediocridad nos acecha cada vez que un nuevo proyecto de vida, lo barre la pereza bajo la alfombra de la comodidad.
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