miércoles, 21 de octubre de 2009
DIA A DIA: desde mi atalaya.
Soy curioso... me gusta mirar el mundo.
Cuando conduzco mi coche me llama la atencion las tonalidades de los arboles, de los campos arados, terrosos, pajizos, antes praderas verdes de trigo joven, que mecido por la brisa, convierte tu viaje en toda una experiencia.
Esto, visto desde mi Boeing, se ve aun mas puro. Es un mosaico de colores y formas variopintas, de caprichosa naturaleza formando montañas, y de hombres colonizando las llanuras.-
Es curioso observar los pueblos y ciudades, estrategicamente situados en medio del valle, cerca de los rios, buscando la defensa de un cerro, o el cobijo de las laderas sur.
Ves pueblecitos en a montaña y te alineas con la tranquilidad que te falta en la vida cotidiana, con ese aire fresco. Me gusta pedirle a la jefa un cafetillo, y saborearlo con el mismo deleite que si lo tomase en el porche de esa cabaña, mientras ves despuntar el amanecer tras las nieblas.
El pueblo de montaña queda atras, debajo del ala izquierda que avanza melosamente, mi vista recorre los miles de kilometros que alcanza, y se fija en un velero que avanza solitario. Desde mi posicion agilesca, percibo su lejania de la costa, siento la inmensidad del mar, experimento la libertad del navegante sentado en la popa. Agarro mi cafe con ambas manos, como si somatizase la humedad de la brisa matutina.
Miro al otro lado, y alla en la lejania veo nieblas, y debajo percibo gentes deseando vver ese sol que yo veo a diario, pase lo que pase, con lluvia o con niebla, lorenzo y yo, somos fieles a nuestra cita el la parte mas alta de cada nube.
Subo , le saludo, pienso, siento, experimento, y disfruto, todo desde mi atalaya, un Boeing a 37.000 pies en el altimetro, 11 kilometros de altura, y un vaivén inducido el juego entre las corrientes de aire y el trabajo del piloto automático, que supeditado a la vigilancia del rabillo de mi ojo, sige fiel la linea que le he marcado el la pantalla.
Por la radio nos piden cambiar de frecuencia, saludo al siguiente controlador, y la vista avanza al siguiente punto donde deleitar mi atención, como un pajarito que se posa aquí y allá, disfrutando de cada paréntesis de intimidad...
